Escucho con satisfacción la noticia: Villa Clara tiene el propósito de plantar unas 4000 hectáreas de forraje destinadas, al margen de los pastos naturales afectados por la sequía y plantas invasoras— a la alimentación del ganado bovino.
Ojalá la meta constituya un parteaguas que contenga la abultada tendencia de la mortalidad por carencias de alimentos frescos, las horas de encierro, de tarde y noche, en corraletas para evitar el hurto y sacrificio ilegal de la masa, o los descensos originados por falta de insumos veterinarios.
A pesar de lo refrendado por la Ley 161/2022 (Ley de Fomento y Desarrollo de la Ganadería), muchos de los presupuestos reglamentarios no se ajustan a la realidad. En julio pasado la Comisión Agroalimentaria del Parlamento cubano discutió aspectos relacionados con la tendencia a aumentar los decrecimientos de la masa animal y los incumplimientos en las producciones de leche y carne.
Precisamente la suficiencia alimentaria al rebaño —pastos naturales, o artificiales, y agua en abundancia—, constituye una parte esencial para la existencia de una ganadería sostenible en la cual se afiance el flujo zootécnico y, por supuesto, el control y crecimiento de la masa.
El documento legal advierte, en su estructura expositiva, las obligatoriedades estatales, de acuerdo con el criterio de los criadores y la existencia de áreas, la producción de granos, oleaginosas, pastos y forrajes para un camino abierto en la existencia de alimentos frescos destinados a la ganadería.
Sin embargo, no todos los criadores disponen de fincas de semilla para el fomento de pastos y forrajes que garanticen la ulterior base alimentaria de especies en crianza y la elevación de la eficiencia del rebaño. Tampoco son muchos los criadores, por lejanía u otras razones, los que se acercan a centros especializados de investigación y el extensionismo agropecuario se pierde en números y datos nulos. Obvio, con una mirada diferente no ocurrirían tantas muertes, entre otras causas, por desnutrición, principalmente originadas en el período seco del año.
De ahí que se vea con aceptación la intensión de plantar un abultado monto de superficie, según las posibilidades agropecuarias, de alimentos tradicionales y cultivos forrajeros. Será una tabla de contención al decrecimiento sostenido que desde 2019 experimenta el país en producciones de carne y leche y de la cual la provincia no está exenta de incumplimientos.
Apenas una década atrás, Villa Clara disponía de unas 519 000 cabezas de ganado. Hoy se computa aproximadamente el 65.4% de ese monto. Cifra abultada si tenemos en cuenta de que al cierre del año las pérdidas totales en vacas y novillas —potencial en la reproducción, los nacimientos, leche y carne perspectiva— se cuantifica en más de 19 000 animales.
La existencia de ese rebaño —vacas y novillas— apenas rebasa el 51.1%, muy por debajo del cálculo deseado. En tanto la natalidad marcó en el período un 40% como media provincial, y aparecen registradas unas 136 800 hembras aptas en reproducción de un total ascendente a unas 173 000, según datos.
Por tanto hay fisuras en la ganadería, y en especial en reproducción. De más está decir que su ejecución, por lo general, se asienta en la monta directa y no en la inseminación artificial, precisaron hace poco veterinarios villaclareños al advertir que el mal manejo del rebaño recae todo en el saco lleno de roturas.
Criadores de razas puras seleccionados en la provincia emplean en la actualidad material genético para el mejoramiento animal, hecho que constituye, ante los deterioros de la calidad de los rebaños, un camino viable para recuperar los aportes de leche y carne en nuestros campos. No obstante, esa no es la media entre los ganaderos: se requiere de la implementación general de tecnologías que impulsen la productividad de las recrías.
También el hurto y sacrificio ilegal hace sus estragos entre los pastizales: durante el pasado año se reportaron casi 9000 hecho contra el ganado mayor en áreas de crianza privada o estatal de la provincia.
Tal corolario repercute más en el sector campesino y cooperativo, con un 86% de posesión de la masa animal, sitio del cual salen los mayores volúmenes de leche y carne hacia las industrias procesadoras. Ya en el primero de los casos se advierten déficits en entregas. De no cambiar sus signos negativos al cierre de diciembre nuevamente se acumularán, con mayores pérdidas de hembras en ordeño, mayores incumplimientos y no se enrumbará, a pesar de los esfuerzos institucionales, hacia la necesaria y notoria recuperación del sector.