Laura Lyanet Blanco Betancourt
Laura L. Blanco Betancourt
@lauralyanet
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03 Septiembre 2015

Al placeteño Orestes Jiménez Méndez, el llamado perí­odo especial lo sorprendió jubilado, pero como no es hombre de quedarse en casa para hacer mandados, decidió aprovechar sus manos y su ingenio en un trabajo que lo ayudara y lo mantuviera ocupado en esa difí­cil etapa. De modo que se aventuró por el camino de la artesaní­a, y arrastró tras de sí­ a sus dos hijos: Orlando y Vladimir Jiménez Garcí­a, quienes en ese entonces se ganaban la vida como soldador y taxista, respectivamente. Con algunos equipos viejos a su disposición, y luego de muchos dí­as enseñando a sus muchachos sobre tornerí­a y otros oficios, montaron un pequeño taller en el patio de la casa y lo echaron a andar.

Clavos de herrar producidos en Placetas, Villa Clara

El negocio familiar, adherido a la Empresa Provincial de Conformación de Metales (Metalconf), ubicada en Placetas, abarcó la fabricación de artí­culos tan variados como clavos de herrar, aretes, bisagras, palillos de tendedera, cucharas, hebillas, cadenas y herrajes de monturas; estos últimos, con destino a la exportación.

Así­ se mantuvieron por más de una década, hasta que creyeron oportuno disolver su alianza con Metalconf, aunque ello supusiera abandonar una buena parte de sus producciones, ante la carencia de materias primas. En efecto, la independencia les permitió mantenerse solo con los clavos de herrar, una mercancí­a de amplia demanda en el sector pecuario y, hasta ese momento, importada en su totalidad por el Grupo Empresarial de Logí­stica del Ministerio de la Agricultura (Gelma).

Llegó, pues, la oportunidad de constituirse como una cooperativa no agropecuaria, y en septiembre de 2013, el taller se convirtió en «Los Jiménez », única productora de clavos de herrar en Cuba.

Proceso de los clavos de herrar, PlacetasEl proceso de fabricación del clavo requiere práctica, pero una vez aprendido, resulta factible para su creador. (Fotos: Yariel Valdés González)

Lo que usted debe saber de los clavos de herrar

Tal vez el lector encuentre exagerado un reportaje a una cooperativa de ¡clavos de herrar! Una que, a simple vista, luce como un taller de tachuelas con unos pocos armatostes. Pero si usted fuera cochero o manejara las finanzas del Gelma, seguro cambiarí­a de opinión respecto a dicha asociación.

Según los entendidos, un caballo debe herrarse una vez por mes. Los llamados «clavos criollos », elaborados ilegalmente y sin la tecnologí­a industrial requerida, por lo general se desprenden de los cascos del equino a los 20 dí­as. Entretanto, los clavos de «Los Jiménez » sostienen las herraduras hasta un mes y medio. Mal negocio para los herreros, ha de suponerse. Sin embargo, para Alexis Garcí­a Brito, cliente habitual, el producto de estos placeteños «tiene buena calidad y un precio también adecuado », dice, mientras desembolsa 40 pesos por dos juegos de clavos que ha comprado.

Por su parte, a Gelma seguro le cuesta más de 20 pesos cada paquete, cuando debe traerlo de paí­ses como Colombia, su tradicional abastecedor, pero con esta cooperativa satisface, no toda, mas sí­ una parte considerable de la demanda, al menos en Villa Clara. De ella obtiene unos 3000 juegos cada mes, informa Arsenio Murguí­a Cruz, director comercial de la dependencia villaclareña de Suministros Agropecuarios. Aunque la producción todaví­a no es suficiente, sí­ constituye un ahorro notable para el Ministerio de la Agricultura, al sustituir mercancí­a de importación.

Tamara Darias Garcí­a, económica de la cooperativa, Placetas «En el primer trimestre del año, la producción de clavos de herrar le proporcionó a la cooperativa una ganancia acumulada superior a los 200 000 pesos », afirma Tamara Darias Garcí­a, la económica.De acuerdo con Tamara Darias Garcí­a, la económica de «Los Jiménez », la elaboración de los clavos no implica gastos considerables para la cooperativa. La materia prima fundamental: barras de acero calibradas, provienen de los desechos productivos de la Empresa Metalúrgica Camagí¼ey. Aun cuando su precio se elevó en los últimos meses, continúa favoreciendo la economí­a de la asociación, con márgenes de ganancia cercanos a los 10 pesos por juego y un precio de venta estable tanto para los contratos mayoristas como para clientes particulares: 20 pesos.

La lí­nea de fabricación de estos placeteños goza de tal aceptación, que la producción inicial del taller, unos 2000 juegos de clavos al año, ahora se fabrica en solo un mes. « ¡Y se agota! », asevera Orlando Jiménez Garcí­a, presidente sustituto de la unidad.

Además, el prestigio de «Los Jiménez » sobresale entre los más de 3700 trabajadores del sector no estatal del municipio. Según Carmen Yulia Cepeda Hernández, vicepresidenta del Consejo de la Administración Municipal, esta cooperativa no agropecuaria refleja el éxito a través de su impacto en el programa de desarrollo local de Placetas, un reconocimiento que les llegó el pasado 26 de julio, a nombre del Gobierno y el Partido locales.

Asimismo, figura entre las modalidades no estatales con mayor potencial para expandirse más allá de las fronteras de la Villa de los Laureles, dada la importancia de los bienes que genera. Así­ lo han confirmado clientes como la Empresa de Suministros Agropecuarios Jibacoa y la UBPC Desembarco del Granma, de Santa Clara. Su producto también cautivó en la Feria Internacional Agropecuaria Fiagrop 2014, celebrada en Rancho Boyeros.

Proceso de los clavos de herrar en PlacetasLos Jiménez, única cooperativa no agropecuaria del paí­s dedicada a tan necesario oficio.

La marca de los clavos

El proceso de patentar el clavo troquelado ha demorado más de lo deseable, cuenta Tamara Darias. «Con el apoyo del Ministerio de Industrias, iniciamos un primer contrato con la Oficina de la Propiedad Industrial en la provincia para proteger nuestro producto. Al cabo de un año, certificamos el registro de la marca bajo el nombre comercial de Los Jiménez. Esa es nuestra distinción a nivel internacional », dice la económica.

Orlando Jiménez Garcí­a, presidente sustituto de la cooperativa en Placetas, Villa ClaraOrlando Jiménez Garcí­a, el presidente sustituto, se enorgullece por formar parte de «Los Jiménez », la primera cooperativa no agropecuaria constituida en Villa Clara, y que actualmente cuenta con 13 socios, ocho de ellos fundadores.

Adelantar los subsiguientes trámites para certificar el clavo constituye una de las demandas más apremiantes de los asociados, pues miran hacia el futuro con pretensiones de exportar su mercancí­a. Orlando, el presidente sustituto, confí­a en la calidad de sus clavos, pues «algunas mediciones extraoficiales indican que bien podrí­an competir con los importados en el mercado internacional ». Haití­, Jamaica y Venezuela encabezan la lista de futuros compradores.

Mas, «Los Jiménez » aún no está preparada para asumir la demanda. Con los equipos de su taller, la mayorí­a inventados por los socios, la producción no satisface los pedidos de la provincia.

«De las siete máquinas con que trabajamos, solo una es de tecnologí­a moderna. Relativamente moderna, porque se trata de una prensa ya explotada, que arrendamos a la Empresa Mecánica íngel Villarreal Bravo (Ciclos Minerva), de Santa Clara », explica Jiménez Méndez, el patriarca.

La referida entidad ha proporcionado a la cooperativa otras tres prensas, en excelente estado técnico, asegura el presidente sustituto. Una vez instaladas, las maquinarias les permitirán ampliar el volumen productivo, y mejorar la elaboración y el rendimiento, así­ como retomar la fabricación de antiguas lí­neas.

«Comenzaremos con las grampas para cercas, pues las piden mucho y, además, podemos hacerlas con los desechos de nuestra producción », comenta Orlando Jiménez Garcí­a.

He aquí­ el sentido práctico, económico y utilitario de esta cooperativa no agropecuaria, una mezcla que promete horizontes más provechosos para «Los Jiménez », los productores exclusivos de clavos de herrar en Cuba.

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