«Fidel tomó una mula en préstamo en la casa de Domingo Fuentes, un campesino radicado en el nacimiento de la Cariblanca. El Comandante en Jefe quería llegar hasta la cuesta de la loma para impartir órdenes a las fuerzas de la lucha contra bandidos. Por suerte, como dijo el propietario, el animal era de paso fino, trochador y manso, y sin incidentes cumpliría su misión. Eso no es ningún cuento. Allí estaban otros oficiales y soldados que deben recordarlo.
« ¡Sí!, se lo digo yo, Elio Jorge Martínez. En aquella ocasión tenía apostada en la cercanía una compañía serrana. Era una mañana de febrero de 1961. Había un frío tremendo, y Fidel hasta se quitó el abrigo y lo entregó a un combatiente. Por segunda ocasión en la vida veía tan cerca a un hombre excepcional.
« ¿Y qué hacía allí Fidel?, repito en tono alto la pregunta con el propósito de corroborar la información y que el testigo suelte su vehemente lengua y dé riendas sueltas a sus recuerdos.
« ¡Ahora se lo contaré! Todavía conservo una excelente memoria. Es una lástima que el oído lo tenga algo apagado y la vista falle, pero puedo coger el monte nuevamente y recorrer los trillos de antes.
Jorge Martínez se pasa la mano izquierda por la barbilla y sonríe sentencioso. Tiene 101 años, cumplidos el 12 de julio pasado, y es de Calabazar de Sagua. A Manicaragua llegó muy joven y, al fundar una familia, se aplatanó allí para siempre. Figuró como administrador de granjas agropecuarias en Cuatro Vientos-Aguacate-Boca de Carreras, y creó una compañía serrana con un caserío provisional. Los habitantes se protegían de esa manera de los insistentes azotes de bandidos ubicados en el Escambray. Todavía sus evocaciones son tan cristalinas como las aguas que emanan de los manantiales del lomerío.
Vuelvo sobre la última pregunta, y Jorge Martínez, sin mucha parsimonia, responde:
« ¡Chico!, a dar órdenes en cercos y peines en el teatro de operaciones militares. Fidel siempre predica con el ejemplo, y por toda la sierra había grupos de alzados que se aprovechaban de la vegetación tupida, de cuevas y resolladeros con laderas verticales y en forma de agujas. No podíamos dar tregua a los bandoleros.
«Después de varias horas retornó el jefe de la Revolución a la casa de los Fuentes. De buenas a primeras miró hacia el hijo de la familia. Ya era pichoncito aquel muchacho, y de repente dijo: ‘‘Me lo llevo para La Habana y que allí se eduque. Un día no habrá alzados y podrá regresar y ayudarlos a ustedes’’. Esas fueron sus palabras. Los padres accedieron. Nunca más supe de la historia de aquel joven. Casi seguro que después vino graduado de algún tecnológico y contribuyó a transformar el lomerío.
«La estrategia militar duró días y cogimos más de 170 bandidos que llevamos para Topes de Collantes. Todos fueron enjuiciados y se impusieron condenas; a algunos los soltaban y cogían otra vez para el monte. Y nosotros nuevamente a rastrearlos ».
Jorge Martínez intervino en la estrategia militar Operación Jaula, trazada por Fidel para liquidar el bandidismo. El concepto, entre cercos y emboscadas, partió desde Hoyo de Padilla a la Peña del Obispo y Moro Catalán. Dividió todo ese vasto territorio en cuatro regiones según la carretera de Trinidad a Topes de Collantes, y de ahí al terraplén que conducía de Jibacoa a Manicaragua.
Fue de esos hombres forjados junto a sus amigos Enrique (Gallego) Otero, Gustavo Castellón, Mongo Treto, Boliche Broche y Puro Villalobos…
«Éramos rastreadores de pelo en el pecho y sin miedo a nada. De esos hombres que usted menciona había muchos en todo el Escambray. De lo contrario no se liquidaría el bandidismo y tampoco echaríamos palante en todas las acciones militares y productivas que nos esperaban.
«Figúrese que estuve entre los primeros campesinos que se sumaron a las órdenes del comandante Manuel (Piti) Fajardo, y después con Raúl Menéndez Tomassevich, comandante también, en la Lucha Contra Bandidos, y participé en las misiones de la Seguridad del Estado.
«A La Campana llegué, junto a otros campesinos, dispuesto a recibir instrucción combativa. Era a mediados de 1960, en una escuela de dos o tres meses de fogueos constantes. Las clases las impartían oficiales, y algunos conocían a Fidel desde la Sierra Maestra. ¡Eso sí!, gente muy buena que enseñó el arte de pelear », dijo.
Allí por vez primera vio al Comandante en Jefe, y como todos, recogió su afectuoso saludo. Fue el 7 de septiembre de 1960, «un día antes de salir 18 pelotones en operaciones. Él llegó a la escuela. Estaba encima de unos sacos llenos de arena, y dijo en tono campechano: ‘‘Arrímense hacia acá que les voy a hablar: tengo que dar unos detalles que cumplirán, y ¡atiendan bien!’’.
«Todo llega a la mente con precisión, como un disparo del FAL belga que me acompañó en el lomerío. Dijo Fidel: ‘‘Ustedes van a llevar dinero para comprar todo lo que vayan a comer por ahí. Al campesino tienen que pagarle lo que compren, incluso darle un poquito más de lo que pida. No pueden meterse en ninguna casa, y, sobre todo, respetar las familias. Cuando divisen a los bandidos se tiran en el suelo y disparan al aire hasta que se entable el combate’’, fue la indicación del momento.
«Eso me sirvió mucho. Una vez me topé con unos alzados y hubo tremendo fuego de ambas partes. El humo de la pólvora se confundía con la neblina en la zona de Aguacate, terreno donde operaba el atracador Ismael (Látigo Negro) Heredia, a quien le di un tiro en una pierna. Enseguida salieron corriendo. Nosotros éramos pocos combatientes, en su mayoría guajiros desmochadores de palma, muy curtidos por el sol y sin miedo a nada. Por el día a trabajar, y por la noche, en recorridos y vigilancia. Nada impedía proteger lo nuestro: la familia, la tierra y los animales », indicó Jorge Martínez.
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![]() Fidel en el Escambray (I): A partir de cero |
Desde septiembre de 1962 Vanguardia precisó al pueblo detalles de conspiraciones que, del interior o el exterior del país, ocurrían en la provincia. Buques mercantes, como el inglés Newlane, así como el pontón de mieles San Pascual o la playa San Francisco fueron ametrallados. Después ocurrieron atentados contra los barcos soviéticos Lgov, en Isabela de Sagua, y el Bakú, surto en aguas de Caibarién.
El sábado 3 de marzo de 1963 el diario villareño informó que la banda de Tomás San Gil quedó desarticulada en zonas limítrofes entre Sancti Spíritus y Trinidad. «Los bandidos creían que eran los dueños de Cuba, pero nosotros sabíamos que todo iba a acabar un día », afirmó el anciano en tono jocoso y firme.
«Usted me contó que vio a Fidel en otro momento. ¿Cuándo? »
« ¡Ah!, carajo. Eso ocurrió en Topes de Collantes. Había una reunión con administradores de Granjas del Pueblo y campesinos serranos. El jefe de la Revolución vino a dar instrucciones. En el lugar estaba un representante del INRA de Trinidad, un tal Anastasio, hombre despótico que hizo trastadas, o era un bruto o un sinvergí¼enza. Bien recuerdo cuando el ganado Indo Brasil y Charole intervenido al latifundista Manuel Cadahía Diéguez llegó a la granja Comandante Juan Abrantes Fernández, centro agro pecuario que yo dirigía en áreas de San Rafael de la Ceiba-La Majagua-Las Moscas-Boca de Carreras. El tal Anastasio quería sacar las reses de allí, pero qué va, le contesté que solo sería con una orden del comandante Félix Torres. No se las pudo llevar de ninguna forma. Después yo pasé a atender otra granja, la Comandante Enrique Villegas, al noroeste de Manicaragua.
«En la reunión con Fidel alguien mencionó a Anastasio, y el hombre fue a hablar, como para responder temas que se trataban. El Comandante en Jefe le contestó: ‘‘ ¡Ah, pero chico, tú eres Anastasio!’’, y de inmediato caminó hasta el asiento del directivo del INRA, y colocó una mano en el hombro para que se quedara en el lugar. De pronto aseguró: ‘‘ ¡Caramba, estás haciendo más daño que un elefante arriba de un tejado!’’. Aquello resonó alto y provocó una risotada en todos.
«Hasta Fidel, por el sentido campechano de la inusual ocurrencia, movió de un lado a otro su cabeza, como desaprobando la conducta de un representante estatal. El tal Anastasio se desapareció de aquella reunión, y los métodos de trabajo cambiaron. Todos aprendimos la lección: cortar las cosas por lo sano. Ni más ni menos es la rectitud del Comandante en Jefe ante lo mal hecho.
«Por eso le gusta cumplir con su palabra, y reconoce el sacrificio de los hombres y mujeres de nuestro país y del mundo », dijo Jorge Martínez. Dos años después se liquidaron los últimos alzados del Escambray, momento en el cual hubo un renacer en la región.
Proyecciones
El sábado 1.o de agosto de 1964, Fidel viene de Santiago de Cuba. Tiene una corta estancia en Santa Clara. Hay un almuerzo en el Venecia INIT después del recorrido por la fábrica Inpud, pero a la salida del recinto gastronómico el pueblo se congregó allí para formularle preguntas. La producción lechera estuvo entre las interrogantes. El primer ministro del Gobierno Revolucionario responde:
«Existen planes para desarrollar este importante renglón, principalmente en zonas del Escambray.
« ¡Es Las Villas, compañeros, es Las Villas! ¡El pueblo de Las Villas es un pueblo revolucionario, porque hubo pelea! Aquí el enemigo no tiene dónde amarrar la chiva », exhortó por último.
Días después, en la concentración que festejó en la capital villareña el cuarto aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas, reiteró que en la ganadería hay que «organizar una técnica mejor, con pastoreo en rotación, con mayor productividad de pastos ».
Anunció el desarrollo lechero que se alcanzaba en el Escambray, así como deficiencias productivas en Cienfuegos, Santa Clara y Sagua la Grande, y destacó: « ¿Qué vacas vamos a ordeñar? ». No serían de altos potenciales, del tipo Holstein, sino «cebúas », con lo cual alertó sobre las posibilidades del cruzamiento genético.
El domingo 15 de noviembre de 1964, Vanguardia recalcó la intervención de Severo Aguirre del Cristo en la entrega de títulos a graduados agropecuarios de la Universidad Central «Marta Abreu » de Las Villas, puntales en el impulso a la Revolución Técnica del sector. Son conceptos precisos y relacionados con los expuestos un año antes por Fidel en su visita a ese centro docente.
La edición del rotativo incluyó el reportaje de Juan Ruiz Villavicencio que anunció: «Se espera producir un millón de litros hacia 1970 ». Este volumen sería diario. Ahí estaban las proyecciones que llevaron al Comandante en Jefe a transitar por una región inexplorada en la diversificación y afianzar las posibilidades insospechadas de eficiencia agropecuaria que esperaban con las transformaciones de la serranía.
El texto periodístico tiene especificaciones: consolidar la siembra de vastas áreas de pangola, apta con riego de agua por los sistemas hidráulicos Hanabanilla e Higuanojo con el propósito de suplir contingencias por falta de alimentos; buscar otras fuentes de nutrien tes, construir nuevas vaquerías, aman se de novillas, cruzamiento con sementales Brown Suiss y hembras Cebú necesarios en la elevación de la raza lechera, establecimiento de pastoreos científicos, chapea de potreros, adopción de medidas sanitarias adecuadas, así como las herramientas directivas de un sistema de trabajo organizado y sobre bases técnicas y administrativas concretas.
Durante la clausura de la V Plenaria Nacional de la FMC, efectuada el viernes 9 de diciembre de 1966 en el estadio Sandino, en Santa Clara, el líder de la Revolución recalcó que la «masa ganadera ha crecido considerablemente y de igual manera tiene que crecer el pasto ». Los animales no podían morir por desnutrición, y menos por carencia de agua o falta de atención preventiva en recrías de terneros o vaquerías, y los conteos de la masa eran físicos y casi diarios.
Todo tuvo un cálculo, y los resultados productivos fueron escalonados según la estrategia de Fidel. El viernes 19 de febrero de 1965, Andrés García Suárez, redactor de Vanguardia, reseñó una reunión presidida el día anterior por el Comandante en Jefe, en la cual intervienen dirigentes del PURSC en Las Villas y Camagí¼ey. Al término del encuentro, con el automóvil casi en marcha, Arnaldo Milián Castro, primer secretario del Partido en la provincia anfitriona, le pregunta:
« ¿Rumbo? »
«Por toda Cuba. Siempre investigando, discutiendo, aconsejando. Impulsando y haciendo mejor las tareas. Mejor porvenir… », y se despidió de los congregados en el lugar con la mano derecha levantada en afectuoso saludo.
