7 de diciembre de 1896. Punta Brava. El general ha estado contrariado toda la semana. La República en Armas se debate entre indisciplinas y opiniones encontradas. Hay que cruzar la trocha, hay que acabar con la reconcentración. José, muerto en combate. Le asfixia el dolor de la pérdida, le preocupa su querida María que está lejos, muy lejos de la Patria. Los españoles asedian el campamento. El Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo sale a caballo. Lo ensilla él mismo, agarra el machete. «Esto va bien », dice. Panchito Gómez insiste, no puede dejarlo solo. La bala enemiga le perfora el rostro al Titán de Bronce. El ahijado se empeña el rescatar el cuerpo mil veces herido, tantas veces sanado. Pierde la vida también el hijo del Generalísimo. Las tropas mambisas lloran.
27 de abril de 1988. Ricardo Jorge Ríos Pérez sobrevuela el poblado de Tchamutete. Ha surcado tantas veces el cielo africano que no desconfía. No tiene miedo. Sabe que debe mantener el control del avión. Los enemigos localizan el ave del hierro…
7 de diciembre de 1989. «Estos hombres y mujeres a los que hoy damos honrosa sepultura en la cálida tierra que los vio nacer, murieron por los más sagrados valores », pronuncia en discurso el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Han regresado a Cuba los restos de los combatientes internacionalistas que por más de diez años permanecieron en el cálido continente negro.
Sara canta detrás de la multitud: A los héroes se les recuerda sin llanto, se les recuerda en los brazos, se les recuerda en la tierra, y eso me hace pensar que no han muerto al final… Delante de la tribuna, situada en las cercanías de la necrópolis santaclareña hay todo un pueblo reunido: madres, familiares, estudiantes, soldados de verde olivo…Caminaron en peregrinación hasta allí. Se cumplen 120 años de la caída en combate de Maceo. Han pasado 27 diciembres desde la Operación Tributo.
Ricardo Ríos no puede hablar de su hijo: «Yo pertenecí a la columna Ciro Redondo, ¿sabes? Estuve en la Batalla de Santa Clara ». Pero, ¿y su hijo? Hábleme de su hijo. Entonces rompe a llorar, porque los hombres también lloran. «Mira, fui condecorado antes de venir de La Habana para acá », y se seca una lágrima espesa, indetenible. «Cariñoso, estudioso, revolucionario…Espérate…que no puedo. Ella es la madre de Ricardito », y señala para la señora sentada a su lado.
Nora Pérez tiene un museo en la casa. Guarda con celo los primeros zapatos de su hijo, sus fotos, el dibujo que hizo de la casa de Martí un día que lo llevó de paseo a La Habana. «Yo me quedé sola, muy sola ».
María Bolmey y Camilo ílvarez iban en el avión que Ricardo piloteaba. Su hijo Camilo quedaba en Cuba. Coloca los gladiolos en la cripta de sus padres, pero no quiere, no puede dialogar con nadie. Se abraza al hombro del tercer Camilo de la familia, un jovenzuelo uniformado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Marilín Peña parece una mujer fuerte pero estalla en vagidos. Solloza por su padre, el mayor Evelio Peña, solloza por Fidel, el hombre que le dio la voluntad para seguir adelante cuando supo la noticia siendo adolescente.
Con poco más de 20 años Roque ílvarez había aceptado su primera misión internacionalista en Angola. «Volvió », acota Acela Thompson, la madre del mártir. A su lado, y con una mano sobre el mármol, Roberto ílvarez trata de explicar que en la segunda misión llegó vivo al hospital, pero no lo consigue, el dolor le cierra el paso a las palabras. «Llegó vivo, vivo… », logra repetir. Y entonces se desahoga.
A los héroes también está permitido llorarlos.