La vida es hoy

La cuadriplejia que sufre hace 26 años no impidió a Yoel Ramos Mesa licenciarse en Cultura Fí­sica, y seguir leyendo e innovando.

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Yoel Ramos Mesa, miembro de la Aclifim en Cifuentes, Villa Clara.
Gracias a su propia innovación, Yoel puede activar la computadora. Con este trabajo obtuvo Premio Relevante en un Fórum de Ciencia y Técnica, pues, según él: «No es dar un ejemplo a los demás, es desarrollar el empeño de realización personal contra viento y marea». (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Ricardo R. González
Ricardo R. González
@riciber91
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30 Mayo 2017

Yoel Ramos Mesa no cree en lágrimas. Tampoco en lástimas, y dirí­a que hasta destierra el significado de lo fatí­dico, a pesar del incidente ocurrido aquel domingo 7 de abril de 1991, que cambió totalmente su vida cuando apenas tení­a 19 años.

No le cuesta trabajo evocar vivencias desagradables ni escapa de contarlas. Según él, resultó un dí­a común. Salió de pase de la Escuela Nacional de Tropas Especiales, ubicada en la pinareña región de Los Palacios, para compartir con los vecinos del asentamiento aledaño. Ya en la tarde, el calor era insoportable y decidieron refrescarse en un rí­o poco caudaloso y desconocido para el muchacho cifuentense.

Con las acrobacias de la edad se tiró al agua, y de inmediato una colisión le hizo saber la dureza del fondo.

Pasados los años recuerda que «el impacto no resultó tan serio ni perdí­ el conocimiento »; sin embargo, cuando trató de incorporarse ocurrió algo extraño,  más allá  de la herida en la cabeza que le ocasionarí­a los primeros puntos de sutura recibidos en su anatomí­a.

«El traslado se realizó de manera cuidadosa, pero sin una mí­nima reacción. No considero que haya sido ni dramático ni trágico, pero el fenómeno vino después ».

A partir de ese momento conoció el mundo de la emergencia médica. Los primeros diagnósticos acontecieron en el hospital de San Cristóbal. Allí­ cosieron la herida provocada por el choque. No obstante, las radiografí­as corroboraron lo que el personal médico suponí­a: una fractura de columna motivaba la parálisis. Afectó la médula, que conservaba su estructura, mas el golpe produjo limitantes severas que apagaron el movimiento de los miembros inferiores y superiores.

«En horas de la noche de ese dí­a llegamos al Hospital Militar de La Habana. Luego para el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq), donde me hicieron múltiples exámenes y la primera cirugí­a de mi vida. Fue el 12 de abril del 91.

«Estuve más de 20 dí­as en terapia intensiva con fiebre, crisis en los riñones, en fin… nunca más apareció la reacción esperada, y así­ llevo 26 años de los 45 que tengo ».

Ni ocasos ni vendavales

Por momentos Yoel no creí­a lo que estaba pasando. Era sano y nunca padeció de una enfermedad crónica. «Es difí­cil enfrentar una parálisis con tan corta edad. Esto cambió mis dí­as y los de mi familia. Mi mamá, Marí­a Magdalena Mesa Garcí­a tuvo que dejar de trabajar para atenderme a tiempo completo, pues yo dependí­a totalmente de otras personas a fin de realizar las cosas elementales ».

Como el campeón del más encumbrado deporte, Yoel Ramos no se amilanó. Sabí­a que el reto era enorme, pero jamás dejó que las decepciones tocaran a su puerta, y se propuso vencer grandes obstáculos.

Yoel Ramos Mesa y su familia.
Parte de su familia, que constituye un todo. Entre ellos, su mamá Marí­a Magdalena Mesa Garcí­a (a la derecha de Yoel) y su abuelo Florentino Mesa Dí­az, que cumplirá el próximo 26 de julio sus 100 años. Faltan en la foto Adolfo Ramos Escobar, el papá de Yoel, y su hermano Yoandy Ramos Mesa. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«El autodominio resulta vital ante la imposibilidad de enfrentar la vida con objetividad. Soy de un carácter fácil, no me incomodaba por nada, y asumí­ mi situación según las circunstancias. Es cierto que cambia la perspectiva, pero no te puedes detener ni aunque veas montañas frente a ti ».

Es probable que este hombre no admita la palabra refugio para disipar situaciones; en cambio, la literatura le propinó una de las tantas formas que le alimentaron el alma.

«El hábito de leer me ayudó a enriquecer el dí­a a dí­a. Era el inicio del perí­odo especial, con apagones terribles. No podí­a pensar en una computadora o en un radio, y la literatura me cautivó. Antes me gustaba la lectura, pero a partir del accidente devino algo fuera de lo común. «Leí­a de todo: literatura soviética, los autores cubanos en diferentes géneros, y los clásicos, Garcí­a Márquez e Isabel Allende. Me encantó El siglo de las luces, de Carpentier, a pesar de que resulta más barroco, pero lo entiendo; en cambio, a Lezama tení­a que leerlo más despacio ».

¿Suscribes que los libros engrandecen al individuo?

No se puede prescindir de ellos. Cambian la manera de ser de las personas, ofrecen conocimientos e, incluso, la posibilidad de discernir y sacar conclusiones.

Por las paredes de su hogar aparecen varias fotos que recogen momentos de su estancia en las FAR y recuerdos familiares. Desde su silla de ruedas los repasa, y no oculta su predilección por las pistolas desde que era niño. A tal punto, que se acercaba mucho a los policí­as para verlas de cerca.

«No pienso que mi paso por las FAR me forjó la disciplina, porque desde pequeño la tení­a, pero sí­ me curtió, y más la estancia dentro de las Tropas Especiales. Esta inclinación se la debo al excelente claustro de profesores del preuniversitario Carlos Liebknecht (Yabú 2) que marcó mi conciencia para siempre ».  

Sin pena alguna revela que los cálculos le causaban pavor, porque se considera más partidario de las letras. Por ello declinó aquellas aspiraciones de estudiar Ingenierí­a naval.

«Las Tropas Especiales me fascinaban. Habí­a que tener buena preparación fí­sica y me fue de maravilla. Estaba enamorado de la carrera. Todaví­a me siento un soldado ».

La magia del mouse

El hecho de innovar siempre ha estado presente en Yoel. Le gusta ir al detalle, descubrir la interioridad de las cosas. Después del accidente tuvo que reinventar. Pasaba mucho trabajo para saciar su pasión por la lectura, sobre todo al pasar las páginas de los cuadernos, hasta que un dí­a se propuso vencer el contratiempo.

«Al no tener movilidad ni en las manos ni en las piernas, inventé una especie de atril. Allí­ poní­a el texto. Con la boca sostení­a un rayo de bicicleta protegido en la punta y lograba correr la página. Así­ me leí­ los tres tomos de El Capital, que no es un «ladrillo » como muchos piensan ».

¿Y qué pasó al llegar la computadora?

Ante un mundo tan atractivo tuve que crear mis mecanismos. Adrián Berazaí­n me inspiró con el soporte que él usa para alternar la guitarra con la filarmónica, me dio la idea para dominar el mouse. Utilicé varios aditamentos para fijarlo. Entonces poní­a la lengua por detrás del labio y, apoyado en la barbilla, provocaba el movimiento total del llamado ratón de la computadora. Pensé que iba a demorar una eternidad, mas la idea fluyó muy rápido. El aparato me resultó fácil.

Fue tu primer éxito en un Fórum de Ciencia y Técnica…

Me fui hasta Holguí­n y quedé sorprendido al anunciarse que tení­a Premio Relevante con mi primera innovación. Después obtuve otra mención al crear una modalidad para jugar ajedrez por el sistema Braille, a través de la computadora.

Optimismo crónico

Yoel Ramos es de los que necesitarí­an extender las horas del dí­a. «Lo mí­o no tiene remedio. Es un optimismo crónico », dice.

Mediante un pariente radioaficionado reactivó la Federación en su municipio y asumió la presidencia desde 2011 pues, para él, tiene algo de magia y fomenta amistades.

Foto de Gerardoo Hernández y Danny Glover, dedicada a Yoel Ramos Mesa.
La dedicatoria de Gerardo Hernández Nordelo es elocuente. A los Cinco Héroes dedicó Yoel su graduación e intercambió correspondencia con el propio Gerardo y con Antonio Guerrero mientras estuvieron en prisión. Entre las múltiples distinciones y reconocimientos de Yoel, aparece la de Servicios Distinguidos de las FAR.

A su vida han llegado muchas manos tendidas. Tantas, que teme olvidar involuntariamente a algunas. No deja de mencionar a las FAR, la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, el Ministerio del Trabajo, Salud, Educación, el INDER, Cultura y los trabajadores sociales, entre otros.

«A la Aclifim me unen sentimientos emotivos y profundos. Constituye algo especial, pero de cada institución siento ese apoyo material, espiritual y sicológico. También de la Casa de la Cultura y su especialista Iliana íguila, quien me ha insertado a los talleres literarios. Ya he escrito algunos cuentos, pero de momento prefiero dejarlos en la privacidad ».

En la vida hay sueños, y entre los del cifuentense estuvo aspirar un dí­a a graduarse del nivel superior. Con mucho esfuerzo lo logró en 2012.

«Otra de mis grandes sorpresas: ser el graduado integral de Cultura Fí­sica en ese año, con Tí­tulo de Oro, y leer el Juramento de graduados, dedicado a los Cinco Héroes. La tesis fue relacionada con las discapacidades, y tuvo sus momentos duros. Al no existir la bibliografí­a necesaria, me costó ciertas dificultades con el tutor y el oponente ».  

¿Qué significa para ti Marí­a Magdalena Mesa Garcí­a?

Mi madre ocupa un espacio insustituible y resulta un complemento vital. Tiene una historia intachable en la FMC y en los órganos del Poder Popular. Si en 26 años no me ha salido una escara, algo difí­cil en casos con situaciones medulares severas, se lo debo a sus cuidados extremos y a los de toda mi familia, que es extraordinaria.

«Mientras leí­a el Juramento, tuve la sensación de que cumplí­a con quienes confiaron en mí­, principalmente con mi mamá ».

Dicen que ella cursó contigo la Universidad…

Muy bien que se hubiera podido graduar. Estuvimos en la Sede Universitaria Municipal y ella me trasladaba a las aulas. Tení­amos que atravesar el pueblo de un extremo al otro con mi silla de ruedas. Llevábamos algo de comer y era mi madre quien tomaba las notas de clases.

«En los exámenes yo tení­a que dictarle las respuestas para que las escribiera, y en tercer año decidieron unificar las sedes en Sagua la Grande ».

¿Y el cielo se te nubló?

Jamás. Tení­a que seguir la carrera. Fuimos a varios organismos y conseguimos que los profesores viajaran a Cifuentes o, de lo contrario, nos enviaban los módulos. Así­ logramos terminar, con excelentes maestros.

Yoel Ramos Mesa se declara un eterno enamorado de la vida, con un racimo de aspiraciones pendientes, porque una discapacidad no significa el fin. Perseverancia, optimismo y valor son sus preceptos constantes. Por eso cada dí­a que pasa abraza un postulado de la ya desaparecida Gladys Marí­n, secretaria general del Partido Comunista de Chile: «La vida es hoy ».

Para ti ¿la vida sigue siendo hoy?

Porque haya recibido un buen arañazo con solo 19 años no debo reciprocar con palos. Soy un individuo sin rencores. El ayer pasó, el mañana está por venir. Lo que falta por hacer se impone, y no podemos dejar que la discapacidad nos doblegue y nos venza. Nunca estaré en el sillón dejando que pasen las horas. Por eso y, por mucho más, me fijo en el arcoí­ris, creo en la esperanza, y busco la nobleza en la existencia. Estoy seguro de que la vida es hoy.  

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